
BROCHERO ILUMINÓ NUESTROS PASOS
La noche estrellada, la luna brillante, las luces artificiales, los corazones encendidos de los peregrinos y Brochero, desde el cielo, llenaron el camino. Cada persona vivió una experiencia distinta.
“Con Brochero, caminemos juntos” reza el lema que se ve en el Santuario de Villa Cura Brochero. La Semana Brocheriana ha concluido y hemos tenido la dicha de haber sido parte de ella, caminando junto al primer Santo Argentino.
Peregrinar hacia esa localidad serrana desde Córdoba capital o desde el parador Giulio Césare es una actividad que tiene muchos años pero cuando alguien cercano a vos te cuenta lo que vivió, la situación cambia y te anima a intentarlo.
En el 2025, en una entrevista que hicimos a un vecino de Sampacho, decidimos, los integrantes de FM IDENTIDAD y AIV, que había llegado nuestro momento de caminar. Hemos aprendido los sampachenses, como ocurre con la Virgen de La Consolata, que siempre hay que llevar de la mano a un peregrino más pero Brochero lo supo desde siempre.
No sabemos si podemos definirnos como peregrinos, tal vez la palabra nos quede muy grande, pero contar lo que sucede desde el lugar de los hechos es algo que nos apasiona. Somos comunicadores y con todos nuestros equipos, allá fuimos. Invitamos a familiares y amigos. Vale aclarar que no es fácil separar la profesión de las emociones porque somos seres humanos y todo nos atraviesa.
Con todos los consejos que nos brindaron, emprendimos la peregrinación nocturna que se realizaba por primera vez
Llegamos al parador Giulio Cesare y comenzó el descenso, 28 km nos separaban de Villa Cura Brochero. “Entre cinco y siete horas dura la caminata”, nos decían los experimentados. Teníamos que caminar toda la madrugada. El miedo y la incertidumbre daban vueltas entre las personas pero también la fe, la esperanza y la necesidad de agradecer o pedir una gracia al Cura Brochero.
La noche estrellada, la luna brillante, las luces artificiales, los corazones encendidos de los peregrinos y Brochero, desde el cielo, llenaron el camino. Lo iluminaron en cada paso. Cada persona vivió una experiencia física, mental, pero sobre todo espiritual.
Algunos caminaban en silencio, otros rezaban, reían, cantaban, contaban anécdotas, algunos se animaban a exteriorizar por qué caminaban. Todos estaban haciendo una pequeña parte del recorrido que el Cura Brochero hizo tantas veces para ayudar a su pueblo, caminaban sobre la huella del primer Santo Argentino. Cada uno la hizo a su tiempo. Algunos no pudieron concluirla, pero entregaron todo su esfuerzo y un poco más. Cada uno se rencontró consigo mismo en la claridad de la noche silenciosa que nos brindó otros matices, aromas y significados.
Las cimas de las últimas subidas nos permitieron ver el amanecer; volver a pisar el asfalto de la ciudad y escuchar las campanas del Santuario nos anunciaban que el final estaba cerca.
Algunas lágrimas depositadas en amplias sonrisas corrieron por los rostros cansados pero satisfechos de los peregrinos al llegar. El locutor alentaba: “el cansancio, las ampollas y la rigidez de los músculos se hacen oraciones…y, cada vez que nos digan que no podemos hacer algo, recordemos este tiempo, este cansancio, esta caminata”.
El Cura Brochero se ocupó de iluminar nuestros pasos y estamos seguros que cada pedido que recibió, responderá y los peregrinos volverán a caminar.