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EL PASO QUE CAMBIÓ LA CAMINATA A REDUCCIÓN

En ese lugar hay una pequeña y humilde capilla pero el amor que salió de allí, difícilmente pueda explicarse con palabras.

La bendición del Obispo Diocesano, Monseñor Adolfo Uriona, dio inicio a la peregrinación a pie a Reducción, localidad que celebra al Cristo de la Buena Muerte. La imagen de Él y de Nuestra Señora de Luján acompañaron a los peregrinos y, este año, FM IDENTIDAD quiso estar presente.

Los peregrinos, los caminantes, los promesantes, cada uno puede elegir cómo definirlos pero son muchos los motivos que invitan a las personas a salir de su comodidad y enfrentar el desafío que significa caminar más de 50 km.

Los primeros kilómetros dentro de la ciudad de Río Cuarto estuvieron acompañados por algunas personas que, al costado del camino, aplaudían y alentaban a los caminantes. Miraban al Cristo que se encontraba sobre una camioneta pero también estaban aquellos que querían acercarse a la Virgen, tocarla, rezar unos minutos, hasta iluminarla con una vela.

Cuando la ruta se adueñó del camino, los transportistas, colectiveros y automovilistas se sumaron al aliento con sus bocinas.

No hicieron tanta falta las linternas porque la luna se convirtió en un gran farol. Los peregrinos levantaban la vista al cielo y hasta las estrellas brillaban más que nunca. El frío y el viento se detuvieron mientras cada paso reducía un poco más el extenso camino. El silencio también se apoderó de la noche. Es que hay situaciones en las que las personas necesitamos encontrarnos con nosotros mismos. Y, créannos, ese es el momento.

La carga de las mochilas se reducía en víveres pero se llenaba de kilómetros. Las oraciones se incrementaban para que los pies siguieran andando, el cansancio se hacía sentir con mayor intensidad hasta que las luces de Paso del Durazno lo cambiaron todo.

En ese lugar hay una pequeña y humilde capilla pero el amor que salió de allí difícilmente pueda explicarse con palabras. Sentimos que el amor de Dios estaba presente en pequeños gestos de corazones solidarios: en la entrega de un matecocido calentito, en las manos que quitaban medias húmedas y sucias, lavaban los pies, curaban y vendaban heridas; en los sacerdotes que colocaban en la frente de cada caminante un aceite en forma de cruz, que imponían sus manos, rezaban y daban aliento para seguir. Hasta una persona de ojos brillosos y hablar pausado que nos preguntó sobre el cansancio y aseguró que ya habíamos hecho gran parte del camino. Cristo estaba entre nosotras.

Salimos renovadas, como si lo anterior no hubiese contado. Una nueva peregrinación estaba comenzando. Tan necesario ese PASO. Hoy, podemos decirles, con total seguridad, que ESE es el lugar que te prepara para entrar en la tierra santa de Reducción.

Mientras la charla giraba en torno a lo vivido en esa capilla, llegamos al cruce con Las Acequias. Nos esperaba un café fuerte y caliente que jamás habíamos probado, pero muy necesario, preparado por unas manos que de voluntariado saben muchísimo.

El amanecer se asomaba frente a nuestros ojos. Podíamos ver a la distancia al resto de peregrinos. El paso de los vehículos era cada vez mas incesante, los ciclistas solos y en grupo, también se sumaron. La tierra santa estaba cada vez más cerca. Los rayos  naranjas del sol comenzaron a bañarla.

Ingresar a la localidad fue mágico; rápidamente, el cerebro recordó, en segundos, todo lo vivido. Las lágrimas se apoderaron de nosotras, abrimos una bandera y llegamos al Santuario. Frente al Cristo, entregamos nuestras oraciones y hasta pedidos de familiares y gente amiga. Le agradecimos por la vida, por el aprendizaje de esa noche que difícilmente se borre de nuestros pensamientos y la invitación a seguir caminando, peregrinando por nosotros y por todos aquellos que lo necesitan.

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Agradecer a la Virgen de La Consolata por cuidarnos en cada paso, al Santo Cura Brochero por ser el motor de nuestro caminar y comunicar en este 2026.

A quienes acompañaron: Silvina Pereyra, Jesica Dal Molin, Analía Tomatis y Luciana Bosc.

A quienes lo hicieron desde lo espiritual y estuvieron atentos toda la madrugada.

Gracias a todos los que nos hicieron llegar sus experiencias previamente y con posterioridad. Compartir lo vivido, nos acerca.

Hasta la próxima. Siempre abierta la invitación a caminar.

 

 

 

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